domingo, 2 de mayo de 2021

A LA DERIVA

Nunca antes había sido tan cierto aquel cliché opositor según el cual el gobierno de turno es el peor de la historia pues, fuera de toda duda y pandemias por descontado, el de Iván Duque es el peor gobierno de nuestra historia. 

Y es que si antes de la eufemística y perversa reforma tributaria, que más que de la malévola y criminal mente de Carrasquilla, Duque o Uribe, surge de su vocación de lacayos y de su completa abyección ante los intereses del gran capital (https://bit.ly.3trXAim) tenían cara para decir que al pobrecito de Iván Duque la pandemia le había oscurecido su fulgurante mandato; ahora, ante la evidencia del mayoritario rechazo popular les ha tocado echar mano del viejo truco de sacrificar alfiles y peones para salvar la posición y al Rey, véase por ejemplo la Revista Semana del primero de mayo pasado -medio oficial del uribismo- donde se afirma que “la relación entre Álvaro Uribe y el Gobierno de Iván Duque pasa por su momento más tenso” y que “el propio Uribe encabeza ese malestar” contra la reforma tributaria. (https://bit.ly/3tbpjAS). 

Así y todo, tal vez la reforma tributaria, con todo y lo mala que le resulta a los colombianos, sea solo un florero de Llorente de 110 páginas, 163 artículos y un eufemístico título de 65 palabras. 

Vivimos en un país donde se acaba de reconocer que el 42,5% de los nacionales (https://www.portafolio.co/economia/dane-revela-impacto-de-la-pandemia-en-la-pobreza-del-pais-551470) “residen en hogares cuyo gasto per cápita es insuficiente para adquirir una canasta básica de alimentos y no alimentos” (https://www.inei.gob.pe), razón de realidad inobjetable para echar por tierra la reforma tributaria, que grava haciendo más inaccesibles los productos de esa canasta básica. 

Vivimos bajo un gobierno autoritario y militarista cuyo jefe natural ha emprendido una campaña para que sus seguidores lo acompañen a defender el “derecho” se policías y militares a matar a quien protesta. 

El estallido era inminente y cuando al fin se ha producido, como resultado de la ecuación hambre, pandemia, pésimo gobierno, nos toma acéfalos. 

En Montería cientos de jóvenes salieron a protestar el primero de mayo, autoconvocados y desafiando el toque de queda, ante la cobardía de los “dirigentes” de CUT y Ademacor, que prefirieron no llevarle la contraria al alcalde (uribista él). Las consignas que se escucharon reflejan la falta de orientación. 

Hubo marchas en Tierralta y Montelíbano, algo impensable hasta ahora, ante la completa desconexión de comités de paro y partidos alternativos. 

En el país, lo que empezara como el acto simbólico de una comunidad originaria, derribando la estatua de un genocida, ha seguido como cacería de brujas  y ya echó por tierra al Antonio Nariño de la plaza principal de Pasto -¡Nariño! ¡El traductor de los derechos del hombre!- ¿quién sigue?

Desde alguna perspectiva, todo personaje histórico que haya merecido un monumento, termina siendo blanco justificado de los revisionistas tumbaestatuas. 

La consigna convocante ¡abajo la reforma tributaria! Parece haber sido sobrepasada por la indignación y la voluntad de lucha popular, que ya la ha emprendido contra medios oficialistas, la policía -per sé- monumentos, medios de transporte, etc., etc. En redes todos los días alguien -medio en serio, medio en broma- sugiere un nuevo blanco: la casa privada de Iván Duque, los patios donde se guardan las motos inmovilizadas. 

Al interior de las movilizaciones se nos reprocha a quienes no somos petristas el hecho de no serlo, al tiempo que se condena la aclaración como una confesión velada de uribismo. 

¿Tanta indignación se desvanecerá con la retirada de la reforma? ¿Con la caída del gobierno uribista? ¿Cuál es la alternativa a este desastre que llamamos patria? ¿Basta con un presidente antiuribista? 

El estallido ha obligado a Duque ha dirigirse al país no ya rodeado de sus ministros sino junto al General Zapateiro, el loco fanático comandante del Ejército Nacional: ¡ajúa!

A la deriva militarista no le ha correspondido un esfuerzo unitario, organizativo y orientador de la indignación: los jóvenes de Montería, Cereté, Tierralta y Montelíbano siguen movilizados bajo sus propias consignas. 

Es hora de que Córdoba reemplace a los adocenados dirigentes sindicales, alternativos y de izquierda que tras el veintejuliero discurso salen a votar por barguiles y besailes; ya es hora de que se reemplacen con dirigentes verdaderamente comprometidos con el cambio social y estos solo pueden surgir del esfuerzo por organizar la indignación y convertirla en digna-acción. 

Tanto desbarajuste no se cura con una elección presidencial, ni con un paro por violento y largo que sea, requiere de un proyecto de país que identifique claramente las causas de la crisis, a sus protagonistas y plantee una alternativa realizable más allá de un caudillo, por carismático que este sea. 

Mientras la indignación no genere organización a nivel local y regional, siempre seremos mayo del 68 visto por Lacán: 

“No se hagan ilusiones muchachos, ustedes no serán jamás sus propios amos, lo único que lograrán será cambiar sus cadenas” (citado por Castro-Gómez, 2015, Pág. 14). 

6 comentarios:

  1. En el párrafo de los jóvenes de Cerete, Montería y demás; le faltó anexar los de Ciénaga de oro, que también se hicieron sentir en las marchas.

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  2. En el párrafo de los jóvenes de Cerete, Montería y demás; le faltó anexar los de Ciénaga de oro, que también se hicieron sentir en las marchas.

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  3. Muy interesante su artículo...en verdad hace mucho rato estamos a la deriva y presos de una corrupción colosal.

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  4. La sociedad civil, el ciudadano de a pie, requiere asumir todo aquello que hemos delegado. Organizarnos con estructuras basadas en reales desafíos para reales resoluciones. Hoy más que nunca sale caro la autogestión. Hoy me preguntaba, si llegaramos a un Golpe de estado y Duque cayera, ¿Cuál sería la alternativa de gestión? ¿Qué estrategias de administración tendríamos? No basta con ser divergente frente a algo, también se requiere proponer. Gracias por tu aporte. 🌻 ✌️

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  5. Perdón, corrección Hoy más que nunca sale caro abandonar la autogestión. Ya no es opcional, la realidad nos está empujando. 🌻 ✌️

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