El 8 de junio de 1929 caía asesinado por el ejército
Gonzalo Bravo Pérez, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de
Colombia que participaba en una manifestación de protesta contra el gobierno de
Miguel Abadía Méndez, perpetrador de la masacre de las bananeras en diciembre
del año de 1928. 25 años después, el 8 de junio de 1954 la dictadura de Rojas
Pinilla masacraba a 11 estudiantes que en la carrera séptima de Bogotá
conmemoraban el asesinato de Bravo Pérez. A partir de entonces en todo el país
se conmemora el día del estudiante caído los días 8 y 9, o días del estudiante
revolucionario, como preferimos llamarlos algunos.
En Córdoba tuvimos hasta la década de los noventa
aproximadamente, una fecha propia para la conmemoración del día del estudiante
caído.
Se trata de la conmemoración del asesinato, en medio de
una protesta estudiantil y a manos del ejército, de Pedro Armando Quintero Amaris,
estudiante de Agronomía de la Universidad de Córdoba que cayera asesinado el 13
de marzo de 1969 “a la entrada de la residencia
universitaria que existió en la calle 30 con carrera segunda en pleno centro de
la capital cordobesa.[i]”
Estas
fechas nos recuerdan siempre, por lo menos a quienes hemos participado activamente
de la movilización estudiantil en este país, que como decía Gaitán El
gobierno tiene la metralla homicida para el pueblo colombiano y la rodilla
puesta en tierra ante el oro americano.
Las
victorias obtenidas por el movimiento estudiantil en las últimas dos décadas,
sin embargo, han cargado de nueva significación estas luctuosas fechas, los
estudiantes colombianos han comprendido en el fragor de las batallas que más
allá de la sesentera consigna primero cambiar el sistema para luego cambiar
la educación, la movilización masiva, contundente, argumentada y democrática
puede granjearle al movimiento estudiantil no solo el decidido apoyo de toda la
ciudadanía sino también enormes victorias, y no solo en clave de resistencia,
contra los correveidiles nacionales del gran capital.
Baste
para ilustrar lo dicho el ejemplo de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil que en
2011 tras un mes de Paro Nacional Universitario logró derrotar la Reforma
Universitaria presentada por Juan Manuel Santos que, por la vía de introducir
en nuestra legislación nacional la noción de Universidad Mixta y con ánimo de
lucro, le entregaba al gran capital transnacional el sistema universitario como
mercado para explotar.
Los
estudiantes colombianos han sido siempre parte importantísima de la lucha por
un país soberano, democrático, próspero y en paz y hoy, en el marco del más
largo y contundente Paro Nacional que registren los anales patrios, están
corroborando este importante papel histórico.
El
gobierno sigue respondiendo con la metralla asesina y jamás ha abandonado su
posición genuflexa, pero hay un detalle adicional digno de mención por la
sistematicidad aparente y porque encierra un significado que debemos resaltar.
En
las calles de todo el país ha habido cuadrillas de personas dedicadas a borrar
las expresiones pintadas del descontento juvenil, no se trata solo de pintadas
a mano alzada con aerosol, sino de verdaderos esfuerzos artísticos colectivos
que se han concretado en enormes murales en que se retrata la cruenta terquedad
de quienes nos malgobiernan.
Arrancadores
de carteles y borradores de pintadas hemos tenido siempre en Córdoba, es más, la
violenta represión que durante años sufrió el movimiento estudiantil cordobés
indica que el hecho de que te arranquen un cartel o te borren una pinta es,
como decía mi abuela, sacarla barata. Hubo un rector, tristemente
célebre, que llegó a ofrecer cien mil pesos de recompensa, por allá en 2006,
por información que diera con el paradero del autor de una pintada con el
subversivo mensaje de + subsidios alimenticios.
Pero
echarle aceite quemado de motor a una pared para que ya nada pueda ser pintado
allí, es una acción de una violencia simbólica tal que puede ser equiparada con
el asesinato a mansalva de estudiantes.
Simboliza
que hay un sector de la sociedad dispuesto a ennegrecer la faz de la patria con
tal de evitar que se manifieste el multicolor mensaje de cambio del que está
preñada esta generación.
Se
trata de que quienes nos dijeron en su momento que extrañaban la presencia
omnipotente y asesina de Mancuso y las AUC, han decidido actuar por cuenta
propia.
Se
trata de que la libertad de expresión, el arte, el muralismo, la protesta
pacífica y todo el discurso y visión de país que a ellas subyacen deberán batallar
por su derecho a existir, contra la violencia simbólica de quienes tirotean
marchas, borran murales y prefieren las paredes manchadas con aceite quemado,
como los romanos en Cartago, regando sal en los campos para que nada vuelva a
crecer.
La
era está pariendo un corazón.
[i] Galeano Sánchez,
J. (2021) La Educación rural en Córdoba, un proceso con altibajos. Semanario
virtual Caja de Herramientas, Edición 721. Disponible en https://viva.org.co/cajavirtual/svc0721/articulo07.htm
Ya lo dijo UD, el aceite de motor en la pared es el mensaje de eliminar de tajo, todo lo que "la gente de bien", considera no se acomoda a su visión de su ciudad pulcra, sin mancha, puritana y blanquecina (así este sucia de aceite), sin "vándalos", una "ciudad de bien"
ResponderEliminarSí señor. Un mensaje bastante duro.
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